

Posted on 13 Marzo '09 by nicky, under Uncategorized. 1 Comment.
Me educaron para casarme “para toda la vida”, para “encontrar mi media naranja”, para sentirme feliz y realizada con una linda familia siempre en armonía, para vivir en torno a mi pareja y a mis hijos. Y así lo hice por treinta y tantos años, feliz y realizada por cumplir el sueño de mis padres, de mi pareja y tal vez el mío por mucho tiempo.
Por etapas sentía que éste era el sentido de mi vida y era feliz, aún cuando en momentos me invadía un sentimiento de soledad y rebeldía, que callaba con esa voz que siempre me decía “tienes todo para ser feliz, ¿de qué te quejas?”, una voz que aparecía con la suficiente fuerza para callar toda emoción que la contradijera.
Y ciertamente tuve etapas muy felices, plenas, profundas y llenas de experiencias que hoy guardo. Cuando me enfrentaba a mis cuestionamientos y dudas, muy en el fondo brillaba esa luz de los momentos felices y llenos de alegría. ¿Cómo dejar un hogar, una familia armoniosa, un mundo lleno de alegrías y buenos momentos, un hombre que me daba todo? ¿Cómo poder ver lo que no había, en medio de tantas cosas que sí había?
Pero el corazón no miente, aún cuando la mente lo silencie con esas voces que nos dicen lo que “debemos ser “ ó “debemos sentir”. Desde el corazón sabemos si somos o no felices en donde estamos, si estamos o no satisfechas con lo que tenemos o hacemos, si podemos o no seguir con apariencias o pretensiones. Y cuando dejamos que el corazón nos hable, entonces nos permite ver cómo queremos vivir y quién queremos ser.
A mis cincuenta y tantos, después de dedicar mi vida para cumplir con mi destino de madre y esposa, y a través de un largo proceso terapéutico para tocar mis sentimientos más profundos, aprendí que no podía seguir con la historia que me había contado. Era infeliz y necesitaba enfrentar lo que sentía, a pesar del dolor que esto me provocara. Y así llegué a la decisión de separarme de alguien que quería, de quien en su momento fue el amor de mi vida, pero que hoy ya no llenaba lo que por tanto tiempo buscaba.
Hoy, ya divorciada, me enfrento a mi propia vida, sin culpables, sin recriminaciones, sin justificaciones para tomar mis decisiones y vivir como yo quiero y puedo vivir. Hoy aprendo, día con día, a ver lo que quiero y lo que necesito, a dar los pasos hacia la vida que deseo, a mirar el futuro solo con la confianza de que soy yo misma la que decide, sin culpar a nadie más por lo que suceda o deje de suceder.
Divorciarse, en esta época de búsqueda de libertad, autenticidad y autonomía, deja de ser un fracaso, para ser un camino de crecimiento y encuentro con nosotras mismas. Hemos sido formadas para vivir en un deber ser que nos obliga a organizar nuestra voluntad en torno a otros, dejando siempre a un lado lo que más importa, nuestros sentimientos, nuestra voluntad, nuestros sueños y deseos más profundos.
Estoy aprendiendo a vivir sola, en un pequeño espacio que he diseñado para mí, con lo elemental para vivir bien y disfrutar de mi vida. Estoy en paz y confiada de que el futuro será maravilloso, con muchas reflexiones sobre lo que me ha llevado a este momento y segura de que no tengo que dejar de amar y agradecer lo que tuve, porque ello me llevó a ser quien soy. Y también segura de que enfrentar la realidad es mejor que seguir viviendo en la duda y la inseguridad, actuando incongruentemente como resultado de una rebeldía que solo se hacía más aguda cuanto más trataba de alinear mi vida a lo que otros esperaban.
Y ello no quiere decir que no viva momentos de culpa, de tristeza, de duda, de dolor, porque es imposible dejar toda una vida y no sentir que el mundo se desbarata, pero aún con éstos sentimientos encontrados, mi vida parece más simple, más en paz, más congruente y más satisfactoria. También aparecen sentimientos de respeto, compasión, agradecimiento, por quien me acompañó en

todos estos años, quien me dio a mis hijos, quien vio por mí durante toda una vida.

Copyright 2010 by EL BLOG DE NICKY.
Design by My Web Caffe